domingo, 13 de febrero de 2011

Peregrinaje


A Elizabeth Azcona Cranwell

Llamé, llamé como la náufraga dichosa
a las olas verdugas
que conocen el verdadero nombre
de la muerte.

He llamado al viento,
le confié mi deseo de ser.

Pero un pájaro muerto
vuela hacia la desesperanza
en medio de la música
cuando brujas y flores
cortan la mano de la bruma.
Un pájaro muerto llamado azul.

No es la soledad con alas,
es el silencio de la prisionera,
es la mudez de pájaros y viento,
es el mundo enojado con mi risa
o los guardianes del infierno
rompiendo mis cartas.

He llamado, he llamado.
He llamado hacia nunca.

Poema de la poetisa argentina Alejandra Pizarnik. Suele caracterizarse la poesía llamada “hermética” porque exige al “lector” conocer la voz del poeta configurada a través de su obra entera. Sin embargo, aquí intentaremos prescindir de dicha configuración y del rastrillaje de conceptos reiterados en la obra entera para caracterizarlos como “temas”. Alejandra fue una mujer enfermiza y “enfermante”. Trataba de nombrar aquello que la hacía mujer, INdividuo (digámoslo de una vez, un individuo no puede ser dividido por lo que no tiene unidades ideales o aspectos comunes) y existir prescindiendo de los conceptos genéricos, opuestos, científicos… Esto es, a modo de ejemplo, buscar la feminidad, explorarla y nombrarla sin acudir a distinción de género, amor al sexo opuesto, maternidad, etc.

En la primera estrofa el yo poético se anuncia en el verbo “llamar”. Este verbo invoca, nombra o da voz a alguien o algo pero no inicia comunicación, no establece dialogo. Es un llamado de atención enfatizado por la repetición: reiteración para quien no se escucha (no hablaremos de un tú ya que no hay), de quien asegura lo que dice o de quien desea ser escuchado. Algo que llama la atención tambien es la aparición de un género femenino (no inherente claro) en dos ocasiones: como la náufraga dichosa y la prisionera. La voz del poeta se compara con el género femenino en el primer versículo del poema y, guiandonos por la concordancia, podríamos decir que se trata de una mujer o, al menos, de una voz que se compara con lo "femenino". En toda la poesía no hay una descripción concreta geográfica o “externa”, no hay tampoco un “interiorismo” explícito del poeta, no hay una segunda persona por lo que no se comunica la poesía con un “tu”, no la dirige hacia fuera ni reconoce la existencia de ese “tu” o “a ti”. Cuando hay una descripción, tal vez, sobre algo, nos encontramos con lo inefable y lo imposible: …el verdadero nombre de la muerte / le confié mi deseo de ser / Pero un pájaro muerto vuela / No es… es (aquí queda en duda qué exactamente no es y a qué le atribuye esos "es", es decir que falta el sujeto).

Antes de proseguir hablemos un poco de la forma. Se suele caracterizar este tipo de poesías por una falta de forma. Esto es; falta de métrica, rima y orden en los versos. Se puede hablar prácticamente de “versículos”: Cada uno de los versos de un poema escrito sin rima ni metro fijo y determinado, en especial cuando el verso constituye unidad de sentido. Si bien el poema carece de una métrica regular la forma parece tratar de confeccionarse de manera propia o no tradicional. Si vemos el poema de cerca, el paso de versículo a versículo se hace con un complemento (directo, indirecto, del nombre, del núcleo preposicional), es decir con un complemento “final”. A continuación, pruebas de lo dicho en negrita.

Llamé, llamé como la náufraga dichosa: Verbo, verbo (persona y sujeto) + adv. modo (circunstancial) + sustantivo + compl. del nombre (dichoso)

a las olas verdugas: compl. régimen del verbo + complemento directo (núcleo + compl. del nombre)

que conocen el verdadero nombre: conjunción; proposición adjetiva (complemento del nombre: olas verdugas) + complemento directo (lo "conocen")

de la muerte: complemento preposicional + complemento

Estrofa 3era (IMPORTANTE: no agobiarse leyendo el analisis de funciones. Revisar uno o dos casos y convencerse):

perífrasis verbal (verbo y persona) + compl. régimen del verbo + complemento directo

complemento indirecto + verbo + complemento directo

Adverbio (adversativo) + sustantivo (sujeto) + compl. del nombre

verbo + complemento preposicional + complemento

loc. adverbial (circunstancial) + complemento preposicional

conjunción (circunstancial) + sustantivos (complementos)

verbo + compl. directo + compl. preposicional

sustantivo (sujeto) + complemento del nombre + verbo (participio) + compl. del nombre

Veámoslo en la cuarta estrofa resaltando esta peculiaridad, prescindiendo de las funciones:

No es la soledad con alas,
es el silencio de la prisionera,
es la mudez de pájaros y viento,
es el mundo enojado con mi risa
o los guardianes del infierno
rompiendo mis cartas.

Esto nos permite ver que hay una forma a pesar de que no se caracterice por terminar en una determinada y regulada cantidad de sílabas. Sino que viene dada por la “matización” de nombres y el cambio de versículo realizado desde el complemento como marcador de paso al siguiente. Por otro lado nos podemos preguntar por el paso de estrofa a estrofa. ¿Se trata de un paso arbitrario o parece tener una forma, un orden? Parece haber un cierto orden si aceptamos que hay ciertos “temas” caracterizados por el sujeto y la carga de matices y circunstancias que engloban a los complementos. El sujeto aparece siempre en el primer versículo de cada estrofa. En la primera estrofa el tema sería el sujeto “yo poético” (llamé) en relación (pues puede llamarlas) con las olas las cuales son matizadas por verdugas y que conocen…; en la segunda estrofa el tema es nuevamente el yo poético en relación con el viento; en la tercera el sujeto es un pájaro en relación con su dirección y sus circunstancias (en medio, cuando); la cuarta carece de sujeto pero ese no sujeto está relacionado con lo que predique “es”; y en la última estrofa el “yo poético” en relación con una dirección o sentido (hacia) y el adverbio nunca.

En la primer estrofa ya vemos que el poeta llama a las olas pero no nos dice el propósito ni si hay respuesta por parte del "llamado". Se ha llamado, invocado, dado una voz de aviso pero no hay comunicación. El propósito no está claro pero se menciona que las olas poseen un conocimiento por lo que podríamos sentirnos tentados a entender que esa voz llama a alguien que sabe sobre algo que ella ('ella' por la voz) ignora. En la segunda estrofa el propósito de la llamada tampoco es mencionado pero el yo del poeta "confía" en aquello que llama (en este caso al viento). Conocimiento y confianza están estrechamente ligados en la relación discípulo/maestro. Aquel que desea aprender debe confiar en que el otro sabe algo que él ignora. La relación entre la primera y segunda estrofa también se da por un efecto y causa (olas y viento). De cualquier manera el poeta "llamó" sin propósito aparente pero menciona su vínculo con los elementos Agua y Aire relacionados a su vez por efecto y causa: sabe que las olas "conocen el verdadero nombre" para el primer caso y confía en el segundo elemento lo que coloca a la voz del poeta en una estrecha relación con estos dos elementos. La primera estrofa tiene una tensión entre la personificación del elemento y su despersonificación: conocen, que es una cualidad humana y tienen, a su vez, la posibilidad de nombrar "la muerte". Al hombre le está vedado nombrar la muerte puesto que desconoce la muerte desde la muerte misma. Puede "nombrar" desde la vida como humano en un estado vital, puede nombrar al hombre desde su conocimiento de dicho termino, situación y estado pero no puede nombrar la muerte porque no conoce sus cualidades desde su situación y estado.

En la tercer estrofa el "yo" poético desaparece y da lugar a la adversidad de la acción anterior sin explicitar a qué se dirige ese "pero": llamé pero / confié pero. Otra ruptura se da en el tiempo que pasa de pasado a presente "llamé"/"vuela" lo que dificulta la conexión de las estrofas para darles sentido. Podríamos afirmar que el pasado del poeta es nombrado hasta que aparece la "adversidad" (pero) del presente en lo "otro" (un pájaro muerto). No obstante, aunque a primera vista la relación de sentido se dificulte hay una reiteración y transformación de nombres y acciones: "llamar" y la muerte (1er estrofa) / "llamar" y el viento (2da) / Pájaro muerto y "llamado" [azul] (3er estrofa)/ Alas, pajaros y viento (4a estrofa)/ "Llamado" (5ta). La tercer estrofa, como decíamos, caracterizada por romper con el sentido o, mejor dicho, con el sentido que nosotros otorgamos con respecto a nuestro "mundo", adquiere fuerza en ese mundo imposible o "nuevo". Parece que en el poema los pájaros muertos podrían tener la capacidad de volar y migrar, estando muertos, a la desesperanza (lo que quiere decir que puede haber una mudanza de un espacio de esperanza a uno opuesto y eso estando muerto) y donde las flores no son cortadas sino que cortan la mano (en lugar de que una mano corte flores) [de la bruma].

La cuarta estrofa niega un atributo y confirma y asegura otros. Dijimos al principio que el verbo copulativo "es" carecía de sujeto. Sin embargo, hay una referencia metonímica (o no) cuando son nombradas las alas. Puede que la referencia debamos fijarla en el pajaro muerto llamado azul pensando una soledad con un pajaro muerto que vuela hacia... o en un sentido metafórico donde las alas refieren a la libertad que otorgan que nos haría pensar en una soledad libre. Es importante señalar que este versículo se dispara hacia la metáfora y la metonimia. La relación con el pajaro muerto / alas (libertad -?-) no dirige la configuración del "ser" entre lo que el sujeto sea, puesto que no está explicito (salvo por una tercera persona) y lo que predica de él. Así se transforma en una especie de adivinanza, por ejemplo: no es alto, es delgado, es moreno, es un amigo... Esta estrofa vuelve a nombrar a las dos anteriores pájaros y viento. Pero lo llamativo de la estrofa es la relación y el antagonismo que genera una cierta tension entre los conceptos: soledad / prisionera o alas (libertad -?-) / prisionera; silencio / mudez; enojado / risa; mundo (espacio terrenal) / infierno (espacio divino). En esta misma estrofa es donde va a jugar la descripción o "aclaración" de lo que el pájaro muerto / alas (libertad -?-) es, pero este doble tropo se vuelve un hiper-representador, es decir, representa: silencio..., mudez..., mundo enojado con mi risa...,etc. Parece indicar una falta de interrelación y sociabilización donde el problema no es "estar solo" sino la falta de recepción ("silencio"), la imposibilidad de comunicarse y emitir ("mudez") y el rechazo ("el mundo enojado con mi risa"). Llegando finalmente a afirmar que un espacio divino (el infierno) en relación con lo terrenal (el mundo) por medio de la disyunción se encarga de controlar, de regular y destruir las cartas; la epístola que precisamente se caracteriza por ir dirigida a una persona, por erigirse como género a una segunda persona ausente. Precisamente esa imposibilidad de comunicarse con ese "tu" o de dirigirse a "ti" está ausente en el poema mismo; no hay deíctico hacia la segunda persona o hacia el receptor/lector del poema.

Toda la poesía "llama" pero nunca se menciona una respuesta o una "atención" de dichos llamados. Se nos aparece un animal muerto con destino desesperanzador volando en medio del arte (música). Luego hay mucha fuerza de rechazo e incomunicación. Toda la poesía trata de confeccionar una identidad de "no sentido" o, mejor dicho, de lenguaje. Como dijimos al principio no hay lugar, descripción, ubicación o localización, no hay relato o argumento, no hay referencia al cuerpo o sentimientos manifiestos explicitamente, solamente hay "posibilidad" y explotación de lo que el lenguaje permite decir (verdadero nombre de la muerte, llamar al viento, pajaro muerto que vuela, brujas y flores cortando la mano de la bruma, llamar hacia nunca). Tal vez a eso mismo se refiera el título, en una relación de la acepción "andar por tierras extrañas" del vocablo peregrinar. Por otro lado, un "tema" o "leif motiv" se encuentra en el verbo que en dos formas diferentes se repite siete veces a lo largo del poema (llamar), convirtiéndose, en el final, en una especie de respuesta/chiste. No llamaba a sino hacia. Ese llamamiento final hacia nunca que se inscribe en una especie de agramaticalidad definiendo la dirección hacia un adverbio dispara la "irresolución" del significado y la imposibilidad de nombrar o llamar aquello que invoca. El llamado del poeta tiene dirección "en ningún tiempo".

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